Migración

MIGRACIÓN

Honduras es una de las naciones latinoamericanas que más personas expulsa: según la prensa nacional se estima que, diariamente, 273 hondureños salen del país de manera irregular1. Los programas de ajustes estructurales a la economía y una serie de políticas económicas neoliberales complementarias implementadas sobre todo después del golpe de 2009, han provocado un deterioro en la vida de los hondureños que, junto con los elevados niveles de violencia, hacen que estos últimos sientan que la única alternativa para sobrevivir es migrar.

Los migrantes “económicos”

En su análisis sobre la migración hondureña hacia Estados Unidos (EEUU), el investigador Vladimir López, del Centro de Investigaciones en Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), destaca que la actual inestabilidad política y económica del país tiene su causa principal en la dependencia económica y subordinación política a EEUU, que ha impedido a Honduras “alcanzar un desarrollo sostenible con sólidas bases democráticas”2. Además, la acumulación de riqueza y poder político en manos de una oligarquía nacional muy restringida, hacen del país un lugar profundamente desigual y excluyente, con una alta tasa de marginación y pobreza3.

Doña Iris, hondureña de San Pedro Sula que no ha dejado su país, pero busca a su hijo que desapareció en 2008, mientras por tercera vez cruzaba México rumbo a EEUU, es uno de los rostros humanos de las estadísticas. En una entrevista que se le hizo en 2015 relataba:

De que pusieron el libre comercio las maquilas están cerrando exagerado, en La Mora lo más que hay son 10. Cuando trabajaba yo, hace dieciocho años, nos daban 3 mil lempiras semanal según la meta, y una meta eran 3 mil camisas de tela diario, todas listas de que se empiezan hasta que se terminan. Trabajábamos de lunes a viernes, de las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde y no nos daban receso, sólo una hora para comer. Ahora las condiciones se ven mejor, tienen seguro, más tiempo para comer, receso, y se trabaja de lunes a jueves, con turnos de ‘4 por 4’. Pero pagan alrededor de 4 mil lempiras al mes, y están los contratos de empleo por horas, donde te contratan por un mes en el cuál te dicen que vas a aprender así que todavía no tienes derechos, y el mes después te despiden, así que tampoco vas a tener prestaciones, seguro o aguinaldo. Antes no había derechos pero por lo menos uno ganaba más, había más maquilas y más trabajo y con esto ya no había tanta migración. Ahora con lo que ganas en un mes ni alcanzas para una quincena, te despiden y si buscas otro trabajo no hay: es una forma de terminar de matarnos, de hacer que nos desesperemos y nos vayamos a otro lado.

El aumento de los derechos laborales, fruto de años de denuncias y presión internacional liderada por organizaciones no gubernamentales y agencias como la ONU o la Organización Internacional del Trabajo (OIT), no se traduce en la realidad en el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. Al acabarse la posibilidad de explotación extrema para producir a gran escala prendas de vestir, que doña Iris recuerda característica de los años noventa, no corresponde un verdadero cambio en el mercado, sino la reducción del personal o el cierre de las empresas. Para que las transnacionales sigan operando en Centroamérica, parece indispensable que los países del área no dejen de ser “colonias del primer mundo”, condición fundamental no sólo en el sector industrial sino también, y a veces sobre todo, para la inversión extranjera en proyectos de supuesto desarrollo territorial. Y para quien no se conforma, no queda otra opción que migrar.

Este sentimiento de “obligatoriedad” es lo que está conduciendo académicos y defensores de los derechos humanos a repensar el concepto de “migración económica” con respecto a este tipo de movilidad que, de cierta forma, se puede considerar involuntaria. Si por un lado es cierto que la decisión de dejar el país recae en los migrantes, por el otro es igualmente comprobable que se registra en Honduras una inexistencia de alternativas que hace de la decisión de migrar el único recurso posible para la sobrevivencia. La mencionada situación de exclusión social y pobreza, además, se traduce en un índice de violencia que sigue siendo entre los más altos del mundo y no sólo con respecto a la presencia de las maras (pandillas), sino también en términos de persecución social hacia luchadores por la defensa del medioambiente, activistas de la diversidad sexual y estudiantes.

De migrantes a refugiados

La prensa nacional sigue tratando la migración hondureña como si fuera fruto exclusivamente de problemas económicos. El diario El Heraldo4, en el mayo del presente año, reportaba cifras muy elevadas de hondureños repatriados mientras intentaban alcanzar el “sueño americano”. Sin embargo, ya en 2014, la activista y defensora de derechos humanos Marta Sánchez, fundadora del Movimiento Migrante Mesoamericano, destacaba que no tiene sentido seguir hablando de este “sueño” como si todavía fuera una motivación suficiente para dejar el país, y ponía en evidencia que ya no se trata de migrantes sino de refugiados.

En los años pasados, entrevistando a los migrantes resultaba que la mayoría salía de su país en busca de una vida mejor, de una oportunidad de trabajo, de la realización de este mítico sueño americano. En 2014 la causa principal del desplazamiento cambió y se volvió la violencia. Violencia física, mental, estructural. Violencia de los gobiernos centroamericanos hacia su población, violencia de los gobiernos del norte (México y Estados Unidos) hacia los centroamericanos. La gente huye de condiciones de vida que ya son inaguantables. Ahora ya no son sólo migrantes, ahora también son refugiados.

Las agencias internacionales lo confirman: según el Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de 2012 a 2013 las solicitudes de asilo por parte de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos pasaron de 3.735 a 15.700 y, en 2015, el Consejo Noruego para los Refugiados registró 566.700 desplazados en el así llamado Triangulo Norte, el 12 por ciento más del año precedente. Para todos, la causa coincide: violencia, relacionada al tráfico de drogas y actividades de pandillas, pero también a la extracción lícita e ilícita de recursos, a la tala de árboles, a los cultivos de coca, adormidera, marihuana y a las plantaciones a gran escala de palma para biocarburante y aceite.

La migración de Honduras a EEUU ha perdido así su dimensión de “sueño americano” y se ha transformado en un asunto de “vida o muerte”: quien se rehusa a migrar para dejar espacio a los proyectos del capital, sean estos rurales o urbanos, es destinado a morir, como Berta Cáceres, defensora de las tierras del pueblo Lenca, asesinada en el marzo de 2016. La violencia en Honduras aumenta de hecho año con año, fomentada por la industria del crimen que involucra tanto bandas locales como cárteles mexicanos. El informe de Amnesty International 2016/20176 reporta que

la violencia generalizada en todo el país obligó a huir a muchas personas, sobre todo a mujeres, niños, niñas, jóvenes y personas LGBTI. Las personas que —en opinión de las bandas delictivas (denominadas maras)— no se sometían a la autoridad de éstas, o que habían presenciado delitos, sufrían de manera habitual hostigamiento, agresiones y extorsión; los jóvenes, en particular, eran obligados a unirse a las maras.

El tránsito desde Centroamérica a la frontera con EEUU, se ha vuelto un negocio muy lucrativo para la delincuencia, que aprovecha de la vulnerabilidad de los migrantes, exacerbada por las trabas impuestas por los institutos de migración y las políticas de prevención y contención de los irregulares.

El Plan Frontera Sur en México y las deportaciones involuntarias

Desde antes de 2000, el gobierno mexicano instrumenta operativos de control migratorio a través de un plan estratégico denominado Plan Frontera Sur, que está enfocado a contener la migración de indocumentados centroamericanos y de otros países que transitan por territorio mexicano hacia EEUU. Supuestamente, el plan debería también perseguir y detener a los participantes de las redes del tráfico internacional de personas que mueven a los migrantes a través de México. A pesar del discurso oficial, sin embargo, los resultados más evidentes de este plan han sido el incremento de la peligrosidad del viaje de Centroamérica a EEUU, y el aumento de las deportaciones involuntarias cuyos números, en los últimos años, se han literalmente disparado.

Según datos de la Cancillería de Honduras, en los primeros 135 días del 2017, se registraron 16 mil 322 deportados y, aunque las cifras de retornados resultan disminuidas con respecto al 2016, lo que no ha disminuido es el doble peligro que corren estas personas, ya que al riesgo de la salida se suma, muy a menudo, la represalia que los espera a su regreso. El informe de Amnesty International 2016/20177 reporta que

las personas devueltas desde México y Estados Unidos seguían haciendo frente a las mismas situaciones de amenaza mortal que inicialmente les habían obligado a huir. En julio, un solicitante de asilo que había sido devuelto desde México tras ver rechazada su solicitud fue asesinado menos de tres semanas después de regresar al país.

La práctica de la deportación involuntaria, además, no perdona ni a los niños. Denuncia el MMM8 que, entre enero y noviembre de este año, unos 9 mil 222 niños y adolescentes hondureños, que viajaban hacia EEUU, fueron detenidos en México y deportados a su país. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU, citados en un documento de la organización de Tegucigalpa “Casa Alianza”, estos casi diez mil menores, se suman a los 65 mil 475 ya deportados entre octubre de 2015 y octubre de 2016.

Estos casos de menores migrantes, tanto los “no acompañados” como los que viajan con algún familiar o amigo, son seguramente los más llamativos, para la conmoción que suscitan y, por la misma razón, acaban siendo también los más instrumentalizados. Sin embargo, ninguna de las políticas que han sido implementadas ha tenido repercusiones positivas. Lo único que se ha obtenido con el actual sistema de gestión de la migración, es recrudecer la violencia durante el tránsito.

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Conoce la historia de algunas madres hondureñas que cada año participan a una caravana en México en busca de sus hijxs migrantes desaparecidxs.

Volverte a Ver (Subtítulo Inglés) from CARRE.RE on Vimeo.

1 http://www.elheraldo.hn/minisitios/hondurenosenelmundo/1071658-471/honduras-registra-16322-retornados-en-los-que-va-del-2017

2 http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-75992013000200004

3 En 2016 cerca del 66 por ciento de la población vivía en la pobreza y, en las zonas rurales, aproximadamente 1 de cada 5 hondureños en condiciones de pobreza extrema, o con menos de US $1.90 al día. Fuente: Banco Mundial http://www.bancomundial.org/es/country/honduras/overview

4 http://www.elheraldo.hn/minisitios/hondurenosenelmundo/1071658-471/honduras-registra-16322-retornados-en-los-que-va-del-2017

5https://www.comillas.edu/images/OBIMID/boletines_e_informes/Informe_OBIMID_septiembre_2017.pdf

6 https://www.google.com.mx/search?q=Amnesty+International+2016%2F2017&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab&gfe_rd=cr&dcr=0&ei=KQn6Wa2VJcze8AeWkIToBw

7https://www.google.com.mx/search?q=Amnesty+International+2016%2F2017&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab&gfe_rd=cr&dcr=0&ei=KQn6Wa2VJcze8AeWkIToBw

8 https://movimientomigrantemesoamericano.org/2016/12/21/mexico-deporto-a-9222-menores-migrantes-a-honduras-en-2016/